Regazzoni, los picosaurios y el mega proyecto que no fue



En abril de ese año, se presentaba el proyecto de Regazzoni en la capital rionegrina. Se trataría de una serie de esculturas gigantescas con chatarra metálica a las que bautizó como "picosaurios" y que iban a esparcirse por la costanera, entre los puentes.

La creación contaría con participación de artistas locales y se enmarcaba en el proyecto "Sol Negro" que el artista ya había iniciado en Neuquén.

El proyecto era anunciado con bombos y platillos por Regazzoni, Ferreira y la entonces directora de Cultura municipal, Patricia Pocai, hoy concejal del oficialismo.

“Haré un Valle de los Picosaurios con siete u ocho obras gigantes y reciclaré la usina abandonada para hacer una escuela de arte para todo público”, anunciaba Regazzoni en ese entonces.

El artista se instaló en los galpones de la ex empresa textil Lahusen, en el parque industrial. Desde allí solicitó la colaboración de vecinos con chatarras, plásticos, latas, hierros, maderas y cualquier otro elemento que sirviera como materia prima.

También, según las fuentes oficiales de la época, el artista recibió un aporte provincial de 10 mil pesos y algunos desembolsos municipales para ejecutar la monumental obra.

Sin embargo, las cosas no avanzaban y todo quedaba en declaraciones rimbombantes: “Yo no vine para poner una escultura frente a la municipalidad, no me interesa”, decía al diario Río Negro.

Sobre las primeras críticas al proyecto, Regazzoni decía que “a los artistas locales les falta energía, pero yo no tengo la culpa” y se quejaba porque muchos “están trabajando conmigo sin cobrar un puto peso, lo que es una injusticia, porque en el mundo mercantilista todos cobran y los únicos idiotas que no pueden cobrar son los artistas”.

“Este es un pueblo que no tiene industrias y seamos realistas, acá no para nadie. Tiene unas playas de la gran puta, pero yo las veo vacías. No hay turismo, pasan de un lado para otro, pero acá no para nadie. Y bueno, esta es una oportunidad para que exista en el mapa”, señalaba el hombre de las artes.

Algunas semanas después el proyecto caía en un vacío insalvable. Los artistas locales que se sumaron decidieron abandonar el plan. Molestos y desilusionados se cansaron del maltrato del hombre y su equipo de colaboradores, casi todos extranjeros.

Los aportes gestionados no se usaron y simplemente desaparecieron. De la promesa nada se cumplió. No hubo esculturas, mucho menos escuela de arte. Sólo se acumuló chatarra y más chatarra.

Regazzoni dejó Viedma con una fuerte pelea con Ferreira. Hubo críticas cruzadas y promesas de nunca más volver.

En mayo de 2007 el artista volvió a Río Negro, con un objetivo artístico para Bariloche. Todo terminó igual. Meses después, el hombre se quejó por la “falta de seriedad” de los funcionarios municipales y los tildó de “inútiles”.

A principios de este año, Regazzoni volvió a Río Negro. Brindó una charla abierta en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes de Roca y ofreció un seminario.

Sufrió varios fracasos similares en otras localidades como Azul y General Lamadrid en Buenos Aires y María Teresa en Santa Fe. En medio de todo eso, recordó el episodio vivido en Viedma: “El intendente Ferreira, me cortó las posibilidades porque no había retorno, conmigo no hay” dijo al diario El Popular de Olavaria.

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