Nos dieron de comer mierda

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Presentamos en esta publicación, un relevamiento minucioso realizado por el periodista Adrián Moreno, que pone en evidencia todo el proceso investigativo sobre la causa ya que además del estado de los alimentos y el hallazgo de excrementos de roedores, al menos en una partida, se dio un conjunto de irregularidades que surgen de las licitaciones; compras directas; “falsificación de los rótulos identificatorios”; incumplimientos en las exigencias para ser contratado por el Estado; falta de controles por parte de la Administración Pública y otras deficiencias que derivaron, en diciembre de 2014, en la clausura de la instrucción por parte del juez Favio Martín Igoldi (Juzgado de Instrucción Penal Nº 2) y la elevación de la causa a “juicio criminal” contra: Alfredo Daniel Pega, Adriana Emma Gutiérrez y Cristina Liliana Uría (ex ministros de Familia y Salud, respectivamente) por el delito de “estafa en concurso ideal con defraudación en el cumplimiento de contratos con administración infiel, en perjuicio para el Estado”. Y contra Máximo Julio Vicchi, Javier Mattas y Daniel Héctor Fernández como “coautores y partícipes necesarios” (titulares de la compañía). 

Sin embargo, hasta el momento no se ha podido certificar el origen de los alimentos y la causa todavía no ha sido llevada a la instancia de juicio oral, pese a que desde el comienzo pasó por cinco jueces.

“Nos dieron de comer mierda”, acaso podría ser más que un informe periodístico y el conjunto de circunstancias evidenciadas tras las denuncias judiciales. Es tal vez (o por lo menos así lo pretendemos), un reflejo que, no por menor, da muestra de un estilo político que todavía no ha alcanzado su final; que quedó obsoleto y para el que la sociedad misma reclama transformaciones. 

Decir que la Justicia es lenta, parece un cliché pero el reclamo nunca podría desconocerse, asumiendo sobre todo que esa lentitud puede ocasionar serios riesgos en las vidas de las personas. Tampoco, cuando se trata de sostener a un sistema que, perfectible, es la razón de la existencia de la propia Justicia, de los gobiernos y de los organismos que los componen. 

Y no se debería desconocer que el sostenimiento de un estadio indiferente, dentro y para con el sistema, es posible que produzca un deterioro directamente proporcional a esa indiferencia, constituyéndolo al fin en una realidad que termina siendo inversa a los ideales propuestos. Y a mayor paso del tiempo, probablemente, se dé una mayor aceptación de lo que nunca debiera suceder.

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