Una ciudad rehén de la improvisación

Opinión: Cristian Rodicio

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Cristian Edward Rodicio (*)

La planificación urbana implica tomar decisiones que necesariamente impactan en distintos sectores de la sociedad. Sin embargo, cuando esas decisiones se ejecutan sin una mirada integral y de forma improvisada, el resultado suele ser el traslado de un problema hacia otro grupo, en lugar de su resolución. La implementación de bicisendas en Viedma es un ejemplo claro de esta lógica.

Impulsadas por la gestión de Juntos Somos Río Negro (JSRN) en la capital rionegrina, estas obras respondían a una demanda legítima, la cual refiere a mejorar la seguridad y las condiciones de circulación para quienes utilizan la bicicleta como medio de transporte. En una ciudad con distancias relativamente cortas y condiciones geográficas favorables, fomentar el uso de la bicicleta no solo es razonable, sino también deseable desde una perspectiva ambiental y de movilidad sustentable. Sin embargo, el problema no radica en el objetivo, sino en la forma en que se lo llevó adelante.

La instalación de bicisendas en arterias centrales implicó, en muchos casos, la eliminación total o parcial de espacios de estacionamiento. Esto generó un impacto directo sobre comerciantes, trabajadores y vecinos que dependen del vehículo particular para sus actividades diarias. En zonas donde el estacionamiento ya era escaso, la situación se volvió crítica, provocando congestión, mayores tiempos de búsqueda de lugar para estacionar e incluso afectando la dinámica comercial. Así, una política pensada para mejorar la movilidad terminó generando nuevas dificultades en el mismo sistema que buscaba ordenar.

El punto central es que la movilidad urbana no puede abordarse de manera fragmentada. Priorizar a un actor (en este caso, los ciclistas) sin contemplar cómo se reconfigura el uso del espacio público en su conjunto, deriva en tensiones evitables. La ciudad no es un conjunto de sectores aislados, sino un entramado donde cada decisión repercute en múltiples dimensiones.

En este sentido, lo que falló claramente fue planificación estratégica. Alternativas como la creación de circuitos paralelos, la readecuación de calles menos transitadas o la implementación de nuevas formas de estacionamiento podrían haber equilibrado la balanza. Pero en lugar de eso, se optó por una solución rápida que trasladó el problema de un grupo a otro.

La gestión pública no debería medirse solo por la capacidad de ejecutar obras, sino por la calidad de las soluciones que propone. Resolver un problema generando otro no es un avance es, en el mejor de los casos, un empate técnico con costos sociales.

Viedma necesita políticas de movilidad que integren de manera real y planificada, no respuestas improvisadas que terminan generando más problemas de los que buscan resolver. Cuando el espacio urbano se transforma en un terreno de disputa entre vecinos, ciclistas y automovilistas, el problema no es la convivencia, si no la falta de una planificación seria, equilibrada y con mirada integral.

(*) Pte. Mesa Viedma - Partido del Trabajo y la Equidad de Rio Negro
DNI. 34.958.877

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