(*) Por Soledad Bernardi
Hace años advertimos sobre la fragilidad del sistema
educativo provincial y la necesidad de poner la educación en el centro del
debate.
Hoy, con un 2026 fracturado por la intermitencia escolar,
nos acercamos a la mitad del año con un total de 10 días de clase perdidos por
paro docente, sin contar los días de jornada institucional, suspensiones por
factores climáticos o edilicios y los asuetos por aniversarios municipales, se
nos hace inadmisible esa cifra.
Nuestra advertencia se ha transformado en una realidad
dramática que ya no es sólo preocupante, sino insostenible y que exige
definiciones urgentes. Mientras los días de clases se pierden como si fueran descartables,
vemos a un gobierno provincial que observa con una pasividad que asusta, ante
una crisis que hipoteca el futuro de nuestros jóvenes.
Este escenario es, en la práctica, una forma de complicidad
que ignora el verdadero estado de situación de nuestro nivel educativo. No
podemos hablar de educación sin mirar la realidad de las aulas. Los resultados
de las Pruebas Aprender son un llamado de atención ensordecedor: en Río Negro,
la caída en los desempeños de Lengua y Matemática refleja una brecha que se
profundiza con cada día de paro. No es solo "tiempo perdido"; es la
pérdida de habilidades fundamentales para la vida. Un sistema que no garantiza
la continuidad pedagógica es un sistema que condena a la exclusión a sus
propios estudiantes.
En este contexto, la declaración de la educación como
servicio estratégico esencial ya no es una opción, es una urgencia ética. El
rumbo nacional ha marcado un paso histórico al incluir esta definición en la
reforma laboral, un camino que desde el PRO venimos impulsando con proyectos
legislativos desde el año 2020 para garantizar que las escuelas permanezcan abiertas
pase lo que pase.
Proponemos un sistema donde el derecho a huelga coexista con
el derecho superior de los niños a aprender. Si Río Negro tiene rumbo, y ha
apostado todas sus fichas para transformar su matriz económica mediante el
impulso a la minería y los grandes proyectos energéticos, resulta contradictorio
que este supuesto “despegue” no tenga un correlato en la política educativa.
No alcanza con anunciar un proceso de reforma en las
escuelas técnicas para alinearlas con la demanda de las empresas de gas y
petróleo y adaptarlas al nuevo perfil productivo, si no se garantiza, primero,
que los alumnos estén dentro de las aulas aprendiendo. De esta manera la
transformación económica se vuelve una cáscara vacía. Queremos formar
"operadores especializados" y no podemos garantizarles 190 días de
clases básicos. De nada sirve modernizar el currículum si el edificio está
cerrado por paros. Por un lado, se anuncian inversiones de miles de millones de
dólares; por el otro, las familias rionegrinas viven en la incertidumbre de no
saber si el lunes hay clases.
Si pretendemos que nuestra provincia sea el motor del
desarrollo energético que le dé un verdadero impulso a la Nación, debemos estar
a la altura con medidas educativas de la misma envergadura. Un proyecto de
provincia exportadora y moderna es incompatible con un sistema educativo que
naufraga en la intermitencia y la falta de clases.
Declarar la esencialidad educativa es la decisión que falta
para que ese "rumbo" sea real: si somos audaces para transformar
nuestra matriz productiva, seamos igual de valientes para blindar el futuro de
nuestros jóvenes, asegurando que la educación sea el cimiento sólido de este
nuevo ciclo rionegrino.
El sindicalismo barrera
En la vereda de enfrente se encuentra la conducción del
sindicato UNTER, que ha transformado el derecho a la huelga en un mecanismo de
extorsión permanente. Es hora de decir las cosas por su nombre: el gremio
docente en Río Negro se ha convertido en una pieza fundamental del problema y
en el principal obstáculo para el progreso de nuestros hijos. Como bien
sostiene el proyecto que impulsamos desde el PRO, no podemos permitir que los alumnos
sigan siendo rehenes de las cúpulas sindicales que utilizan el aula vacía como moneda
de cambio para sus intereses políticos y corporativos.
En sintonía con el pensamiento del Dr. Edgardo Zablotsky,
(miembro de la Academia Nacional de Educación y Rector de la Universidad del
CEMA), es imperativo cuestionar un modelo que prioriza los privilegios de los
dirigentes por sobre la tragedia que significa cada día de clases perdido. La
resistencia sistemática a la esencialidad educativa por parte de UNTER no es
una defensa de los trabajadores; es un desprecio abierto por el futuro de la provincia.
Mientras ellos se atrincheran en medidas de fuerza que no consideran el daño pedagógico,
los niveles de calidad educativa caen en picada, profundizando la desigualdad entre
quienes pueden pagar una educación privada y quienes quedan desamparados por el
Estado.
Para estos sectores, la educación no es un derecho, sino una
herramienta de presión. Pero nuestra postura es clara: el derecho a huelga de
unos pocos no puede estar por encima del derecho constitucional de miles de
chicos a aprender. La libertad de los sindicatos termina donde empieza la
vulneración del futuro de nuestros jóvenes.
En medio de este caos, quiero reconocer a los miles de
docentes comprometidos que a pesar de las dificultades diarias, con escuelas
que no siempre están en condiciones, con un sueldo que tampoco les alcanza como
quisieran, entienden que su tarea trasciende la coyuntura y ponen el futuro de
la provincia y el país por delante de intereses particulares. Estos maestros son
los que sostienen el sistema, los que priorizan el aula y los que sufren, a la
par de las familias, el deterioro de la calidad educativa.
No podemos permitir que el 2026 sea otro año perdido en la
memoria institucional de Río Negro. La inacción oficial y la lógica de paro
permanente del gremio están vaciando las aulas. La educación debe ser declarada
esencial hoy. No es una opción política; es una obligación ética con la
generación que debe liderar el futuro de nuestra provincia.
(*) Profesora de secundaria. Miembro del Consejo Directivo
PRO Río Negro. Asesora legislativa Bloque PR
12 mayo 2026
Opinion