Proponen capacitar a agentes del Estado en nuevas masculinidades

La iniciativa fue presentada por el legislador del FdT, Alejandro Marinao

Comentar
El legislador del Frente de Todos, Alejandro Marinao, propone una ley que obligue al Estado a capacitar a sus agentes para romper prejuicios y mandatos sociales que reproducen el sistema patriarcal.

Todos los poderes del Estado provincial y de los municipios que adhieran deberán capacitar, concientizar y sensibilizar a la totalidad de sus agentes y funcionarios en temáticas vinculadas a la construcción de nuevas masculinidades, con el objeto de erradicar y prevenir las violencias y la discriminación que se originan a causa de ideas y prejuicios provenientes de la concepción hegemónica del rol del varón en la sociedad.

Además, en las escuelas y en todos los niveles se garantizará la incorporación de un abordaje integral y sistemático del tema, siendo la Secretaría de Igualdad de Géneros, la responsable de implementar estas acciones en caso de que se apruebe el proyecto de ley presentado por el legislador Alejandro Marinao.

El parlamentario recordó que en febrero de 2020, las “Mujeres de la Matria Latinoamérica” (MuMaLa), lanzaron la campaña nacional “Por nuevas masculinidades, por varones no violentos” que exige la instrumentación de políticas públicas, programas y campañas que aborden las violencias machistas en ámbitos sociales, donde transitan grupos de varones.

Desde el colectivo de mujeres, sostienen que es necesario cuestionar y poner en debate la masculinidad hegemónica, ya que este sistema patriarcal se construye sobre la violencia y la dominación.

En las relaciones de género patriarcales, donde prevalecen las desigualdades y las asimetrías de poder, se utiliza la violencia como recurso para agredir, controlar, dirigir, dominar y manipular. De esta manera garantizan el dominio de uno sobre otro, causando daño físico, psicológico o sexual de las víctimas.

La masculinidad es una construcción social arbitraria, resultante de la organización patriarcal. La misma promueve el dominio masculino en las relaciones de género. Ésta se compone de un conjunto de creencias, definiciones, valores y significados sobre el ser, lo que debe ser y no ser el varón. Estos fundamentos son enseñados en distintos espacios de socialización y la sociedad los relaciona en un contexto determinado.

Además, es un mandato que le exige a los varones que, constantemente, pongan a prueba sus atributos: potencia bélica, sexual y económica y, sobre todo, su estatus en relación con las mujeres. Es importante señalar que los costos que padecen los varones provienen del ejercicio de sus privilegios.

Los “costes de la masculinidad” para varones son más bien “daños colaterales” por un uso excesivo de las prerrogativas de género y por las luchas de posiciones de jerarquía entre ellos. Existe lo que se denomina “triada de la violencia masculina” que puede desplegarse contra las mujeres y las personas menores de edad, otra contra otros hombres y una tercera, dirigida contra uno mismo.

Los hombres y los niños pueden lograr un cambio de las actitudes en las relaciones. En el acceso a los recursos y la adopción de decisiones que son fundamentales para promover la igualdad entre mujeres y hombres. Es en la escuela donde es posible dar sentido a las prácticas y los discursos que circulan en los intercambios personales, que frecuentemente están marcados por rivalidades y hostilidades heredadas del sistema patriarcal.

Los conflictos, las situaciones de hostigamiento son oportunidades valiosas para trabajar sobre la masculinidad, y es posible otorgarle nuevos sentidos y cuestionar críticamente sus características ancestrales

Es posible trabajar para hacer visibles otras masculinidades y construirlas desde la escuela: varones que no quieren entrar en peleas, que aprenden a expresar sus enojos y malestares con palabras, respetuosos de las identidades de género que elijan asumir tanto ellos mismos como sus pares. La fijación de roles, identidades y conductas heterosexuales va de la mano con el rechazo y la violencia que sufren las personas que no se adecuan a la orientación sexual esperada (homofobia-lesbofobia) o a la identidad de género asignada (transfobia).

Se presenta el desafío de conformar nuevas masculinidades que no se asienten en valores hegemónicos y patriarcales; que no requieran demostrar una supuesta superioridad sino que exploren y profundicen en lo afectivo. Que no apelen al poder en las relaciones interpersonales y que se plasme sobre lo que se siente. Que renuncien a los privilegios otorgados por el patriarcado por la sola condición de ser varón. Que asuman la corresponsabilidad en las tareas de cuidado y las domésticas y que desarrollen un posicionamiento subjetivo de su género. Por último, que desechen las etiquetas y los encorsetamientos y disfruten su masculinidad desde el deseo y no desde la violencia.

Para ello, es preciso asumir un proceso de responsabilidad colectiva que incluya necesariamente a las y los gestores de las políticas públicas, puesto que será a través de éstas herramientas donde se puedan materializar los principios de igualdad que deben guiar las relaciones intragéneros y entre géneros.

Para lograr ese proceso, es conveniente integrar a todos los actores y sumar el otro eslabón de la cadena: la masculinidad. Es necesario involucrar activamente a los varones para reflexionar sobre las prácticas machistas. También sobre lo mandatos que reproducen, sobre las desigualdades y violencias que configuran esas prácticas y, además, sobre las formas de habitar esas masculinidades.

“En estos tiempos hay una necesidad de repensar y reconstruir las identidades de los varones, entendiendo que la violencia machista es una cuestión estructural que, necesariamente, debe ser abordada desde el Estado y para ello, es necesario generar espacios de reflexión”, concluyó Marinao.

También te puede interesar...