Por Roberto David Mandado (*)
La
“enfermedad holandesa” es un concepto utilizado en economía para describir los
efectos que puede generar una dependencia excesiva de un recurso natural. Hace
referencia a aquellas situaciones donde el crecimiento extraordinario de una
actividad —generalmente vinculada a la explotación de recursos— termina
provocando desequilibrios sobre otros sectores productivos.
El
concepto surgió a partir de la experiencia de los Países Bajos, cuando el
descubrimiento de importantes reservas de gas generó un fuerte crecimiento del
sector energético, pero también dificultades para otras actividades de la
economía. La enseñanza que dejó ese proceso es que la abundancia de recursos
naturales no garantiza por sí misma el desarrollo: la verdadera diferencia está
en la capacidad de transformar esa riqueza en nuevas oportunidades.
Río
Negro atraviesa hoy una etapa de grandes posibilidades. La expansión
energética, el desarrollo petrolero y gasífero, la minería y las inversiones
vinculadas a Vaca Muerta abren un escenario con capacidad para generar empleo,
infraestructura, ingresos y nuevas oportunidades productivas para la provincia.
Pero
la discusión de fondo no pasa solamente por cuánto podemos extraer, sino por
qué modelo de desarrollo queremos construir a partir de esa riqueza.
La
experiencia internacional demuestra que los recursos naturales pueden
convertirse en una herramienta de transformación económica y social, pero
también pueden generar estructuras de dependencia difíciles de revertir. Cuando
una economía concentra gran parte de su crecimiento en un solo recurso aparece
el riesgo de que el éxito de una actividad termine generando desequilibrios
sobre el resto de la estructura productiva.
Uno de
los principales riesgos asociados a estos procesos es la conformación de
ciudades de enclave: territorios donde una actividad concentra gran parte de la
generación de riqueza, pero donde esa riqueza no necesariamente se traduce en
un desarrollo equilibrado para el conjunto de la sociedad.
En
estos escenarios pueden convivir dos realidades económicas muy diferentes.
Mientras los trabajadores vinculados directamente a la actividad extractiva
acceden a salarios elevados, otros sectores —como comerciantes, empleados
públicos, pequeños productores, emprendedores y trabajadores de servicios—
pueden enfrentar un aumento del costo de vida, de los alquileres y de los
bienes básicos sin participar de esa renta extraordinaria.
A su
vez, una economía impulsada principalmente por un recurso puede generar
aumentos en los costos laborales y productivos, afectando la competitividad de
empresas locales que no forman parte de esa actividad. De esta manera, el
crecimiento de un sector puede terminar debilitando otros sectores necesarios
para construir una economía más diversa y sostenible.
Este
fenómeno también puede profundizar desigualdades dentro de la propia provincia:
mientras algunos territorios concentran inversiones, empleo y oportunidades,
otros pueden quedar relegados, con menos capacidad de generar trabajo y
desarrollo, provocando pérdida de población y desarraigo.
El
problema no está en la existencia de recursos naturales ni en la llegada de
inversiones. El verdadero desafío aparece cuando una provincia depende
exclusivamente de ellos y no utiliza esa etapa de crecimiento para construir
nuevas capacidades productivas, tecnológicas y sociales.
Porque
los recursos no renovables tienen una característica fundamental: algún día se
terminan. La historia muestra numerosos ejemplos de regiones que crecieron
alrededor de una única actividad y luego enfrentaron desempleo, pérdida de
población, infraestructura desaprovechada y grandes dificultades para
reconvertir su economía cuando terminó el ciclo de expansión.
Por
eso el debate no debe ser solamente extractivo, sino estratégico: qué hacemos
con la renta que genera esa riqueza.
Noruega
ofrece una referencia interesante. No rechazó sus recursos energéticos, sino
que utilizó los ingresos provenientes del petróleo para construir capacidades
permanentes: educación, infraestructura, innovación y diversificación
productiva.
Río
Negro tiene una oportunidad histórica. Puede aprovechar su potencial
energético, pero también debe fortalecer la producción, el turismo, la ciencia,
la tecnología y las economías regionales que forman parte de su identidad.
En
este sentido cobra especial relevancia el artículo 93 de la Constitución de Río
Negro, que establece que las regalías constituyen fondos especiales destinados
a obras específicas del sector y a generar actividades sustitutivas del
recurso. La norma constitucional plantea una idea central: la riqueza obtenida
de un recurso no renovable debe transformarse en herramientas para construir
las bases productivas del futuro.
El
verdadero desafío no es solamente extraer riqueza de la tierra, sino lograr que
esa riqueza se convierta en desarrollo, oportunidades y bienestar para todas y
todos los rionegrinos.
(*) Prof. y Lic. en Ciencias políticas - Sec. Legislativo del bloque Vamos con Todos en el Concejo Deliberante de Viedma
5 julio 2026
Opinion