El endeudamiento de las familias está dejando cada vez menos plata en el bolsillo para consumir y empieza a convertirse en uno de los principales obstáculos para la recuperación del comercio de Viedma. La acumulación de deudas bancarias, billeteras virtuales y créditos otorgados por comercios y otras entidades reduce el ingreso disponible de los hogares y, al mismo tiempo, complica la capacidad de los negocios para vender, reponer mercadería y sostener sus compromisos.
El diagnóstico fue planteado por Marcos Rodríguez Videla, secretario de la Cámara de Comercio, Turismo, Industria y Producción de Viedma, quien explicó que Río Negro registra una morosidad cercana al 16%, frente a una media nacional del 17%. Aunque no existen datos específicos para la ciudad, sostuvo que Viedma no escapa a la tendencia general.
La situación adquiere otra dimensión cuando se desagrega el tipo de deuda. La mora bancaria ronda el 13%, mientras que en las billeteras virtuales y fintech se acerca al 30%. El porcentaje más alto aparece entre los denominados proveedores no financieros de crédito, donde alcanza aproximadamente el 48%.
En ese último grupo aparecen mutuales, cooperativas, gremios y comercios que financian compras. Son deudas que muchas veces nacen de consumos concretos y cotidianos: un electrodoméstico, un teléfono o cualquier otro producto que una familia necesita adquirir cuando su ingreso ya no alcanza para pagarlo de contado.
El problema aparece cuando esas cuotas se acumulan. La deuda deja de ser una herramienta para financiar una compra y pasa a ocupar una parte cada vez mayor del ingreso mensual. Rodríguez Videla explicó que, al sumar los distintos canales de financiamiento, actualmente una persona puede llegar a acumular una deuda equivalente a dos salarios.
De ahí, una de las frases más fuertes del representante de la Cámara. Lo que antes podía resolverse con el aguinaldo, ahora puede requerir mucho más tiempo: “Hoy ya no te alcanza el aguinaldo para salir de la mora”, planteó.
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La consecuencia es directa sobre la actividad comercial. La plata que debería volver al mercado para comprar ropa, electrodomésticos, servicios o cualquier otro producto termina destinada a pagar cuotas, intereses y deudas atrasadas. Por eso, para la Cámara, la caída de las ventas no puede explicarse solamente por el precio de los productos o por la decisión de los consumidores de comprar menos.
“No es que no repunta porque la gente no quiera comprar, porque los productos son malos o porque están excesivamente caros, sino porque tampoco hay dinero”, sostuvo Rodríguez Videla. Una parte de ese dinero, agregó, está saliendo del circuito comercial para cancelar obligaciones acumuladas.
La consecuencia se observa también del otro lado del mostrador. Los comercios venden menos, recaudan menos y tienen menos dinero para reponer mercadería, en un momento en el que además deben afrontar costos que siguen presionando sobre sus estructuras.
Rodríguez Videla describió la situación como una “tensión en la cadena de pago”. Todavía no existe, aclaró, una cesación generalizada de pagos, pero sí un fenómeno cada vez más habitual: los compromisos se cancelan más tarde y los plazos se estiran.
Para un comercio, esa demora puede ser determinante. Un local de indumentaria que necesita comprar ahora la temporada de primavera puede encontrarse con que los mecanismos de financiación que utilizaba habitualmente ya no resultan tan accesibles. Y mientras debe pagar la mercadería comprada meses atrás, puede tener todavía parte del stock sin vender.
Menos ventas, menos liquidez, menos stock y más deuda: el mecanismo termina formando un círculo que dificulta todavía más la recuperación del comercio.
La respuesta de los comerciantes, explicó Rodríguez Videla, está siendo en muchos casos reducir el stock y ajustar al máximo los costos. Pero esa estrategia también tiene un límite: un negocio que no puede renovar su mercadería pierde capacidad para ofrecer productos y sostener sus ventas.
El crédito tampoco aparece como una salida sencilla. Para los bancos, la situación de morosidad genera mayores restricciones a la hora de otorgar nuevos préstamos. Y para los comerciantes, conseguir financiación para el funcionamiento cotidiano se vuelve más difícil y más costoso.
En ese escenario, la Cámara viene impulsando capacitaciones de educación financiera para que los comerciantes puedan determinar dónde conviene endeudarse, qué costos asumir y cuáles evitar. También comenzó a trabajar sobre nuevas herramientas para mejorar las ventas y ampliar los mercados.
Porque, en paralelo, el comercio tradicional enfrenta otro límite. “El comercio a la calle no alcanza”, resumió Rodríguez Videla al referirse al cambio en los hábitos de consumo.
La Cámara plantea que los negocios de Viedma necesitan comenzar a vender antes de que el potencial cliente salga de su casa. Redes sociales, tiendas digitales, inteligencia artificial y plataformas de venta aparecen como herramientas para ampliar el público y llegar a consumidores de otras ciudades.
La propuesta implica también dejar de pensar el mercado únicamente dentro de Viedma. Un comercio local puede vender hacia otras localidades y provincias si consigue adaptar sus costos, sus canales de comercialización y su estrategia de venta.
Pero esa reconversión ocurre mientras los negocios siguen soportando una estructura de gastos elevada. A la presión de salarios, alquileres y otros costos se suma ahora la incertidumbre por las nuevas tarifas de electricidad que esperan conocer los comerciantes.
En cuanto a las deudas de los propios negocios, Rodríguez Videla marcó una diferencia entre el sistema bancario y los proveedores no financieros. En el primer caso, señaló que actualmente existen alternativas de refinanciación que pueden permitir reducir el costo de obligaciones tomadas a tasas muy superiores a las actuales.
Mencionó casos de deudas contraídas a tasas del 90% o 120% que hoy pueden ser refinanciadas, dependiendo de la entidad, a tasas de entre el 40% y el 60%. El objetivo es bajar el costo financiero y evitar que los comercios permanezcan indefinidamente en mora.
El problema es que esas herramientas no están disponibles de la misma manera para todos los tipos de deuda. Y mientras las familias continúan destinando una parte creciente de sus ingresos a cancelar obligaciones, el consumo pierde fuerza y el comercio recibe cada vez menos dinero fresco.
El resultado es una economía local atrapada entre dos problemas que se retroalimentan: hogares endeudados que no tienen margen para consumir y comercios que venden menos y necesitan endeudarse para seguir funcionando.
La advertencia de Rodríguez Videla es que el comercio de Viedma ya no puede esperar simplemente a que el consumidor vuelva a comprar como antes. El escenario obliga a modificar las formas de vender, administrar con mayor precisión los costos y buscar nuevos mercados, mientras la capacidad de compra de las familias continúa siendo el principal límite para que la actividad vuelva a crecer.

18 agosto 2026
Viedma