Posicionamiento perceptual y escenario político rionegrino

Opinión: Pablo Díaz

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Por Pablo Gustavo Díaz (*)


La mayoría de los rionegrinos quiere un cambio de gobierno, pero no cualquier cambio. Qué muestra el mapa perceptual de la provincia y por qué el centro será decisivo en la carrera por la gobernación.


Hace muchos años que sostengo públicamente que la oferta no ordena a la demanda, como le gustaría al poder político. Es al revés: es la demanda ciudadana la que ordena la oferta política.

Oferta y demanda son términos del marketing comercial que algunos políticos y consultores incorporamos hace tiempo a nuestra caja de herramientas. Aunque a más de un gran comunicador o politólogo le cause espanto, la realpolitik adoptó el marketing político hace rato.

Que hoy Javier Milei gobierne la Argentina, y que algunos consultores —pocos, es cierto— lo hayamos anticipado varios años antes de que ocurriera, es una buena prueba de ello.


La demanda que nadie supo leer

Después de la pandemia, la política tradicional desplegó toda su oferta. De derecha a izquierda, le presentó al electorado un abanico amplio que iba de Patricia Bullrich a Myriam Bregman y Juan Grabois, pasando por figuras de perfil centrista como Juan Schiaretti, Sergio Massa y Horacio Rodríguez Larreta. Todas fracasaron. Ninguna entendió que la sociedad no pedía un cambio de nombres, sino un cambio de sistema.

Solo Milei interpretó esa demanda, y de allí nació «la casta»: las demás propuestas de cambio eran, en el fondo, más de lo mismo; una burocracia política, una cofradía de privilegiados. Él, en cambio, se presentaba como el distinto, el que venía a romper ese sistema.


Escuchar a la gente antes que a la rosca

¿Cómo hice para ver la victoria de Milei mucho antes que la mayoría? Entre otras cosas, porque estudio el posicionamiento perceptual. Invierto mucho más tiempo y dinero en conocer lo que piensa la gente que en descifrar la rosca política.

El posicionamiento perceptual es el lugar que ocupa una marca, un producto o un servicio en la mente del consumidor, en comparación con su competencia. Se basa exclusivamente en cómo el cliente percibe la oferta del mercado, y no necesariamente en lo que la empresa cree que ofrece. Al Ries y Jack Trout lo convirtieron en doctrina a comienzos de los años ochenta con una idea que sigue intacta: la batalla no se libra en el producto, se libra en la mente del consumidor.

Para analizarlo, las empresas utilizan un mapa perceptual o mapa de posicionamiento: un gráfico de dos ejes que cruza atributos opuestos y relevantes para la decisión de compra. Precio bajo o alto; calidad económica o premium; estilo tradicional o moderno. En política el principio es idéntico, solo cambian los atributos: continuidad o cambio, izquierda o derecha, político de carrera u outsider.

Conviene no confundirlo con una encuesta de intención de voto. La intención de voto es la foto del resultado; el mapa perceptual es la radiografía que explica ese resultado, y muchas veces lo anticipa.


2023: el mapa que anticipó el resultado

En las elecciones de 2023, el mapa perceptual nacional mostraba que, sobre el eje vertical continuidad-cambio, la mayoría del electorado se ubicaba del lado del cambio. Pero estar en el sector del cambio no alcanzaba. Había un segundo eje que medía lo tradicional (el político de siempre) frente a lo disruptivo (el outsider).

Cuando la gente ubicaba a cada candidato en ese plano, el cuadro era elocuente. Sergio Massa aparecía en soledad en el cuadrante Continuidad-Tradicional, y Javier Milei, también en soledad, en el cuadrante Cambio-Disruptivo, justo donde se autoubicaba la mayor cantidad de votantes. En el cuadrante Cambio-Tradicional convivían tres candidatos —Bregman, Schiaretti y Rodríguez Larreta— que se repartían a los votantes de ese espacio. El cuadrante Continuidad-Disruptivo lo ocupaba únicamente Juan Grabois, pero era el que registraba la menor autoubicación de votantes.

En estos mapas no nos interesa conocer la cantidad exacta de votos que podría obtener cada candidato, sino dónde se autoubica la gente y qué candidatos andan cerca de esa zona.


Río Negro, sobre el mismo plano

Recientemente publiqué el mapa perceptual de Río Negro, que permite ver cómo se ubica la gente y dónde ubica, a su vez, a sus referentes políticos. En este mapa, el eje vertical ordena la continuidad arriba y el cambio abajo. El eje horizontal muestra la orientación ideológica de esa decisión, desde el socialismo estatista hasta el liberalismo individualista. Cada elipse marca la zona donde se concentra el electorado de cada referente: cuanto más grande es, más heterogéneo y disperso es ese electorado.

Alberto Weretilneck representa la continuidad del gobierno actual y aparece absolutamente solo en el sector superior del gráfico, con el 25,8% de los votantes que respaldan esa continuidad. Debajo, el sector del cambio concentra toda la oferta alternativa, que se disputa el 69,8% de rionegrinos que reclaman un cambio: desde Rodolfo Aguiar, en el extremo izquierdo, hasta Enzo Fullone, en el derecho. En la zona del centro encontramos a Pedro Pesatti y a Aníbal Tortoriello.

El mapa dice más. Sobre la izquierda, los electorados de María Emilia Soria, Silvina García Larraburu y Rodolfo Aguiar se tocan y se superponen: compiten por el mismo votante. Sobre la derecha ocurre algo parecido entre Fullone, la referencia nacional de Javier Milei y Juan Martín, cuyo electorado es el más amplio y disperso de todo el plano y se extiende, junto con el de Ariel Rivero, hacia la franja del cambio más profundo. En el centro, en cambio, el espacio está menos poblado: Pesatti ocupa el suyo sin superposiciones, y Tortoriello apenas roza el electorado de Martín.

Hay un dato que suele pasar inadvertido. El cambio es mayoría, pero está fragmentado; la continuidad es minoría, pero está concentrada. Casi siete de cada diez rionegrinos quieren otro gobierno, pero hoy esa voluntad se reparte entre casi una decena de referencias. Esa dispersión es, paradójicamente, el principal activo del oficialismo.

Y en Río Negro ese detalle pesa el doble. El artículo 173 de la Constitución provincial establece que el gobernador se elige a simple pluralidad de sufragios, en una sola vuelta. No hay balotaje que ordene a la oposición después de la primera votación: el cambio tiene que ordenarse antes, o no se ordena.


Tres conclusiones

Mi conclusión —y acá juego con ventaja, porque además de este estudio dispongo de información reservada de otra decena de estudios cruzados que no detallaré aquí— se puede resumir en tres puntos:

1. La mayoría de los rionegrinos quiere un cambio de gobierno, pero no cualquier cambio.

2. La mayoría prefiere la tranquilidad, la armonía y el confort que le brinda un centro previsible, y rechaza la incertidumbre y el caos de los cambios extremos. No es una rareza rionegrina: Anthony Downs      lo formuló en 1957 al describir cómo, cuando el electorado se agrupa en el centro, quien se aleja de él pierde votos.

3. Hoy hay solo dos ofertas que satisfacen cabalmente esa demanda social de cambio confiable: Pedro Pesatti, por la centroizquierda, y Aníbal Tortoriello, por la centroderecha.


Solo uno de ellos dos será quien le dispute la gobernación de igual a igual a Alberto Weretilneck. La demanda ya habló. Falta saber cuál será la respuesta de la oferta.

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