¿Cómo operan las estafas virtuales que ya dominan las investigaciones?

David Baffoni, del Ministerio Público, advirtió sobre el crecimiento de los delitos digitales y explicó cómo prevenir engaños por WhatsApp, falsas inversiones y aplicaciones fraudulentas. En Viedma, las estafas telefónicas superaron los $70 millones en transferencias durante la primera quincena de septiembre

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Las estafas telefónicas y virtuales se multiplican en Río Negro y adoptan nuevas modalidades que buscan aprovechar las preocupaciones cotidianas, la confianza y la urgencia de las personas. En Viedma, más del 20% de las denuncias recibidas durante la primera quincena de septiembre estuvo relacionado con este tipo de delitos, mientras que el dinero transferido por las víctimas superó los 70 millones de pesos.
El crecimiento de estas maniobras también se refleja en el trabajo de los organismos que intervienen en las investigaciones. David Baffoni, coordinador de Políticas Informáticas del Ministerio Público, explicó que antes de la pandemia las estafas virtuales representaban alrededor del 5% de las tareas diarias de la oficina de investigación y telecomunicaciones, mientras que actualmente superan el 50% de su actividad.
En una entrevista, Baffoni señaló que las modalidades delictivas cambian de acuerdo con las preocupaciones de la sociedad y las épocas del año. Como ejemplo, mencionó que cuando aumentaron las tarifas de gas y electricidad comenzaron a aparecer llamados de personas que se hacían pasar por representantes de empresas de servicios para ofrecer supuestos descuentos o planes de financiación. Durante las vacaciones, en tanto, suelen proliferar las publicaciones falsas de alojamientos turísticos.
“Los estafadores están muy al tanto de lo que la sociedad está preocupada en este momento”, explicó el funcionario, quien advirtió que estas maniobras buscan encontrar a las víctimas en situaciones de vulnerabilidad, cuando una preocupación o una urgencia puede dificultar la verificación de la información.

El robo de WhatsApp y las falsas urgencias
Entre las modalidades que se repiten, Baffoni identificó el robo de cuentas de WhatsApp, las estafas dirigidas a personas adultas mayores mediante supuestas emergencias familiares y los engaños vinculados con falsas oportunidades de inversión.
En el caso de las estafas que apelan a una emergencia, los delincuentes suelen llamar o enviar mensajes y afirmar que un familiar tuvo un problema en la ruta o necesita dinero de manera inmediata. En ocasiones, incluso mencionan el nombre de la persona para generar confianza y conseguir que la víctima actúe sin comprobar lo que está ocurriendo.
Otra maniobra frecuente consiste en obtener los seis dígitos de verificación de WhatsApp. Baffoni explicó que los estafadores contactan a la víctima con alguna excusa, como confirmar un envío o gestionar un turno médico, y le piden un código que, en realidad, permite instalar la cuenta en otro teléfono.
“Ellos no hackean nada”, aclaró el especialista, al explicar que, en muchos casos, el engaño se basa en la habilidad para convencer a la persona de que entregue voluntariamente los códigos de acceso. Una vez que toman el control de la cuenta, los delincuentes se hacen pasar por su titular y contactan a familiares, amistades y otros conocidos para pedirles dinero.
El funcionario destacó la importancia de activar la verificación en dos pasos de WhatsApp, una herramienta de seguridad que agrega un código adicional al proceso de acceso. Si la persona entrega el primer código, pero tiene habilitada esta función, el delincuente necesitará también el segundo para completar el robo de la cuenta.
En caso de advertir que alguien tomó el control de WhatsApp, Baffoni recomendó iniciar nuevamente el proceso de instalación con el número propio y el código recibido por SMS. Sin embargo, explicó que, si los estafadores activaron la verificación en dos pasos, la recuperación puede requerir una espera de varios días, durante los cuales la cuenta podría continuar en manos de terceros.

Aplicaciones que permiten controlar el celular
Otra modalidad que genera preocupación es la que comienza con una llamada o un mensaje que induce a la víctima a instalar una aplicación en su teléfono. En estos casos, los delincuentes pueden enviar enlaces para descargar programas que no se encuentran en las tiendas oficiales de aplicaciones y que les permiten controlar el dispositivo a distancia.
Baffoni explicó que, si una persona sospecha que instaló una herramienta de este tipo, una de las primeras medidas es desconectar el teléfono de internet, por ejemplo, activando el modo avión. De esa manera, se interrumpe la comunicación con quienes podrían estar operando el equipo de forma remota.
Luego, si se identifica la aplicación sospechosa, se debe desinstalar. Si no es posible determinar qué programa fue instalado, el especialista recomendó recurrir a personal técnico capacitado o, para mayor seguridad, restablecer el teléfono a sus valores de fábrica, previa copia de los archivos personales que se quieran conservar.
El coordinador también diferenció estas maniobras de aquellas en las que los delincuentes inducen a las víctimas a realizar directamente una transferencia. Entre ellas mencionó el engaño conocido como DEBIN o débito inmediato, en el que una persona que simula querer comprar un producto publicado en redes sociales asegura que realizó un pago, pero que necesita una autorización para que el dinero llegue a destino.
En realidad, la operación que solicita aprobar es un pago en sentido inverso, mediante el cual la víctima termina enviando dinero al supuesto comprador. Por eso, Baffoni insistió en que para recibir una transferencia no es necesario compartir claves ni autorizar operaciones indicadas por teléfono o mensajes.

Las falsas inversiones y el uso de inteligencia artificial
Las oportunidades de obtener ganancias rápidas también son utilizadas para captar víctimas. Baffoni advirtió sobre publicaciones falsas en redes sociales que suplantan la identidad de empresas reconocidas vinculadas con las criptomonedas y las inversiones, y que ofrecen rendimientos elevados a cambio de depósitos de dinero.
El mecanismo suele comenzar con un anuncio en plataformas como Instagram o Facebook, que deriva a la persona a un chat de WhatsApp. Allí, alguien se presenta como asesor financiero y la guía para realizar una primera inversión de bajo monto. En algunos casos, la supuesta plataforma muestra ganancias que buscan generar confianza e incentivar nuevos depósitos.
A medida que la víctima aporta más dinero, los delincuentes pueden mostrarle una billetera virtual ficticia, en la que aparecen supuestos rendimientos acumulados. Cuando intenta retirar los fondos, comienzan los inconvenientes y aparecen nuevas exigencias de pagos para liberar el dinero.
“La billetera no existe”, advirtió Baffoni, quien describió casos en los que las víctimas llegaron a solicitar préstamos a entidades financieras, familiares y conocidos para continuar invirtiendo. En algunas de las situaciones investigadas, las deudas acumuladas alcanzaron decenas de millones de pesos.
El funcionario señaló que estas maniobras pueden utilizar la imagen de compañías conocidas para generar credibilidad y que la sofisticación del engaño no necesariamente está relacionada con conocimientos informáticos avanzados. En muchos casos, la clave está en la manipulación y en la capacidad de sostener una conversación que lleve a la víctima a realizar nuevas operaciones.

Datos personales y anonimato en internet
Baffoni también alertó sobre el uso de información personal para diseñar engaños cada vez más específicos. Durante la entrevista, se refirió a casos en los que las personas reciben llamados de supuestas asesorías que conocen datos sobre accidentes laborales, trámites o situaciones particulares que no necesariamente fueron difundidos públicamente.
Estas maniobras, explicó, recurren a la denominada ingeniería social, que consiste en utilizar información sobre las personas para generar confianza y convencerlas de realizar determinadas acciones. El especialista planteó interrogantes sobre las medidas de seguridad que aplican las empresas y organizaciones que almacenan datos personales y sobre la posibilidad de que esa información llegue a manos de delincuentes.
El crecimiento de las estafas también está vinculado con los cambios en las formas de comunicación y de realizar trámites. Baffoni señaló que, a partir de la pandemia, gran parte de las operaciones bancarias, comerciales y administrativas comenzaron a realizarse de manera digital o a distancia. Los delincuentes, sostuvo, adaptaron sus métodos a esa nueva realidad y aprovechan el anonimato que ofrece internet para ocultar su identidad.
En cuanto a la prevención, el coordinador recomendó desconfiar de los mensajes que exigen actuar de inmediato, verificar por otra vía cualquier pedido de dinero y comunicarse telefónicamente con familiares o conocidos antes de realizar transferencias. También aconsejó no confiar únicamente en los comprobantes enviados por otras personas, sino comprobar que el dinero efectivamente haya ingresado a la cuenta bancaria.
Además, remarcó la importancia de no compartir fotografías del DNI, tarjetas bancarias, recibos de sueldo ni otros datos personales por teléfono, WhatsApp, correo electrónico o redes sociales. También recomendó evitar los enlaces de origen dudoso, utilizar sitios conocidos para contratar alojamientos y no instalar aplicaciones a pedido de personas desconocidas.

Qué hacer ante una estafa
El Ministerio Público recomienda que, ante una comunicación sospechosa, se interrumpa el contacto y se verifique la información antes de realizar cualquier operación. Si se advierten movimientos bancarios que no fueron autorizados, es importante comunicarse de inmediato con la entidad financiera.
En caso de haber sido víctima de una estafa, se debe realizar la denuncia en la Fiscalía de turno o en la comisaría más cercana y preservar todas las pruebas disponibles. Esto incluye mensajes, capturas de pantalla, registros de llamadas, enlaces recibidos y comprobantes de transferencias, con los datos de las cuentas de destino y los números de operación.
Baffoni insistió en que la principal herramienta de prevención sigue siendo la desconfianza ante pedidos inesperados de dinero, datos o autorizaciones. La recomendación es no dejarse llevar por la urgencia que plantea quien se comunica y comprobar siempre la identidad de la persona o institución que está detrás del contacto.
El aumento de las denuncias y la proporción de casos que actualmente requieren intervención informática muestran el lugar que ocupan las estafas digitales en las investigaciones penales. Para el especialista, el desafío también pasa por fortalecer la protección de los datos personales y promover hábitos de seguridad en una sociedad que realiza cada vez más actividades a través de dispositivos y plataformas digitales.

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