(*) Por Cristian Edward Rodicio
Cada nuevo aniversario de Viedma nos invita, casi por defecto, a repasar su historia, sus logros y su identidad como capital de la provincia de Río Negro. Es un momento donde se llenan las redes sociales de discursos celebratorios y de halagos a todas las virtudes que tiene para ofrecer la ciudad. Sin embargo, también debería ser una oportunidad para algo menos cómodo pero más necesario: una revisión crítica de las falencias que, año tras año, siguen postergando su desarrollo.
Porque si bien Viedma está definida como la capital provincial, en muchos aspectos aún no logra consolidarse plenamente como tal. La infraestructura urbana es uno de los puntos más evidentes: calles deterioradas, obras que avanzan lentamente o que no representan un avance significativo para el crecimiento poblacional, problemas de conectividad, un IDEVI sin acompañamiento, un parque industrial sin desarrollo, son algunos ejemplos que forman parte de una realidad cotidiana que contrasta con el rol institucional que la ciudad debería cumplir.
A esto se le suma la histórica deuda en materia de planificación. Viedma crece, pero no siempre de manera ordenada ni estratégica. La expansión urbana, en muchos casos, parece responder más a la urgencia que a una visión a largo plazo. Esto se traduce en barrios con problemas en la provisión de servicios básicos, dificultades en el acceso al transporte y una integración urbana todavía incompleta.
A su vez existen falencias en la gestión municipal, tanto en la ejecución de tareas como en la búsqueda de soluciones pragmáticas. La falta de continuidad en políticas públicas, la escasa articulación entre niveles de gobierno y una tendencia a priorizar medidas de corto plazo por sobre proyectos estructurales han impedido consolidar un modelo de ciudad acorde a su jerarquía. Ser capital no debería ser solo una condición administrativa, sino una responsabilidad que se refleje en calidad institucional, planificación eficiente y servicios acordes para los ciudadanos.
Resulta paradójico que, siendo sede de los principales organismos provinciales, Viedma no logre capitalizar plenamente esa condición para impulsar su desarrollo. La oportunidad está, pero muchas veces falta decisión política sostenida para traducirla en mejoras concretas.
Esto no implica desconocer los avances que ha habido ni el valor simbólico y social de la ciudad. Viedma tiene identidad, historia y un potencial indiscutible. Pero justamente por eso, el conformismo con el que actúan algunos dirigentes es el peor camino. Celebrar un nuevo aniversario no debería ser solo mirar hacia atrás con orgullo, sino también hacia adelante con exigencia.
La pregunta que queda flotando es simple, pero incómoda: ¿estamos construyendo una capital a la altura de lo que Río Negro necesita, o seguimos administrando una ciudad que funciona sin rumbo?
Quizás el mejor homenaje que se le puede hacer a Viedma en su aniversario no sea un acto ni un discurso, sino el compromiso real de saldar esas deudas pendientes que hace mucho tiempo esperan respuestas concretas.
(*) Presidente de la Mesa Viedma del Partido del Trabajo y la Equidad de Río Negro
DNI 34.958.877
22 abril 2026
Opinion