Cuando la sociedad pone un límite

Opinión: Pedro Pesatti

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Por Pedro Pesatti (*)

Cuando la sociedad pone un límite... un gobierno comienza a perder mucho antes de ser derrotado en las urnas.

Pierde cuando sus ideas dejan de representar a la sociedad, cuando sus palabras resultan ajenas al sentimiento colectivo y cuando el rumbo que propone choca contra convicciones profundamente arraigadas en su pueblo.

La encuesta nacional difundida hoy por Zuban Córdoba y Asociados revela que el deterioro del gobierno de Javier Milei ha ingresado en esa etapa.

El 74,3% de los argentinos rechaza la afirmación del canciller Pablo Quirno acerca del carácter anticuado de la soberanía nacional. Apenas el 18,8% expresa algún grado de acuerdo. 

La distancia entre ambos valores refleja una fractura política, cultural e histórica entre el Gobierno y una enorme mayoría de la sociedad.

El mismo fenómeno aparece en cada respuesta. 

El 60,5% considera que la Argentina debe abrirse al mundo cuidando sus recursos estratégicos y otro 24,5% defiende su explotación exclusiva por parte del país. En conjunto, el 85% reclama alguna forma de protección nacional. 

La apertura irrestricta promovida por Milei alcanza solamente el 14,2% de adhesión.

El 81,8% quiere que el litio, la tierra y el agua permanezcan mayoritariamente en manos argentinas. 

El 74,1% exige proteger la producción y la industria nacional. 

El 77,9% sostiene que la política exterior debe responder al interés propio del país y rechaza los alineamientos automáticos con potencias extranjeras.

Los números dibujan una frontera muy clara. 

De un lado está la sociedad argentina, defendiendo sus recursos, su industria, su capacidad de decidir y su soberanía. 

Del otro está un Gobierno que reduce la Nación a un mercado, la tierra a una mercancía, los recursos naturales a una oportunidad de negocios y la política exterior a un ejercicio de subordinación.

Milei está destruyendo la Argentina material mediante la recesión, el cierre de empresas, la pérdida del trabajo, el abandono de la obra pública y el desmantelamiento de la ciencia, la educación y la producción. Al mismo tiempo, procura destruir la Argentina como proyecto común. Su programa necesita un país sin memoria, sin conciencia territorial y sin voluntad soberana, porque solamente un país que deja de reconocerse como tal puede aceptar su propia entrega.

Pero la memoria nacional permanece viva. 

El 65,3% afirma que podría priorizar su voto por una propuesta nacionalista y soberanista en materia de tierras, recursos naturales y relaciones internacionales.

Allí aparece el dato político más importante: la defensa de la Nación vuelve a constituirse en una demanda electoral concreta.

El Gobierno creyó que podía vender el país por partes y llamar libertad al remate. La sociedad comienza a comprender el verdadero significado de ese programa. 

Cuando un pueblo advierte que quieren quitarle aquello que pertenece a sus hijos y a sus nietos, el deterioro del gobierno responsable puede volverse irreversible.

La sociedad argentina vuelve a poner un límite.


(*) Vicegobernador

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