Hay noticias que llegan para cerrar una espera, pero también para abrir una herida que nunca terminó de cicatrizar. Después de 50 años de incertidumbre, la identificación de los restos de Mara Salto, la joven cipoleña secuestrada y desaparecida durante la última dictadura cívico-militar, permitió a su familia recuperar una parte de su historia. El hallazgo se produjo en el predio del excentro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, donde Mara estuvo cautiva antes de ser asesinada.
María Emilia “Beba” Salto, hermana de Mara, participó el viernes de la conferencia en la que se conocieron los detalles de las identificaciones. Todavía atravesada por las emociones de ese encuentro, compartió su experiencia en una entrevista con el periodista Pedro Caram: “Estoy en un estado emocional que pasa de una especie de alivio, como si algo que estuviste esperando durante mucho tiempo y hasta no esperando más, porque 50 años es como que nunca iba a pasar nada, de repente aparece un huesito como si gritara: ‘Aquí estoy, aquí estoy’”, relató.
La imagen elegida por Beba para describir ese momento tiene la fuerza de una historia que atravesó medio siglo sin respuestas definitivas. La familia sabía que Mara había estado en La Perla. Había testimonios que confirmaban su paso por el centro clandestino y la certeza de que allí se había perdido su rastro. Sin embargo, faltaba una prueba material que permitiera recuperar sus restos e identificarla. “Es muy conmovedor, muy emocionante, y tiene una mezcla de dolor y paz”, resumió.
La noticia también significó volver a experimentar el dolor de la pérdida. “Yo lloré como hacía mucho tiempo que no lloraba, creo que he llorado horas, porque es como si la hubieran matado en el momento que me enteré”, confesó. Y explicó que sus hermanos compartieron esa misma sensación: “La mataron 50 años después que la mataron”. No es una contradicción. La identificación trae alivio porque termina con una incertidumbre que parecía interminable, pero también vuelve concreta una ausencia que durante décadas permaneció rodeada de preguntas. Mientras no existía una confirmación material, una parte de la familia podía aferrarse, aunque fuera remotamente, a la posibilidad de que Mara regresara.
Beba recordó especialmente a su hermano José Luis, quien vivía en Córdoba y durante años conservó esa esperanza: “Siempre decía: un día va a tocar la puerta y yo voy a abrir y va a ser ella”. La identificación pone fin a esa espera y abre la posibilidad de que Mara descanse junto a sus padres, tal como desea la familia.
El trabajo que devuelve identidad e historia
En medio de la conmoción, Beba destacó especialmente el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, cuya tarea permitió identificar los restos y ofrecer respuestas a familias que llevan décadas buscando a sus seres queridos. “Estas personas son magníficas”, afirmó, al valorar la capacidad, la tenacidad y el compromiso de quienes trabajan para reconstruir identidades a partir de restos humanos y muestras genéticas.
El proceso requiere también la colaboración de familiares que aportan muestras de sangre para realizar las comparaciones de ADN. Nina, otra de las hermanas de Mara, fue una pieza fundamental: aportó su muestra hace muchos años y se convirtió en un contacto clave durante la búsqueda. Beba explicó que la identificación puede resultar más difícil cuando no quedan familiares directos vivos con quienes comparar el material genético. Por eso, insistió en la importancia de que quienes tengan familiares desaparecidos se acerquen y colaboren con el equipo forense.
Detrás de cada identificación hay mucho más que un resultado científico. Hay una persona que recupera su nombre, una familia que puede comenzar otra etapa del duelo y una sociedad que obtiene nuevas pruebas para reconstruir una parte de su historia. Durante cinco décadas, los organismos de derechos humanos, los familiares y los equipos científicos sostuvieron una búsqueda que no se detuvo frente al paso del tiempo. El trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense demuestra que la verdad puede tardar, pero que la persistencia permite avanzar incluso cuando las huellas parecen haberse perdido.
Una militancia nacida de la solidaridad
Mara tenía apenas 20 años cuando fue desaparecida. Estudiaba medicina en Córdoba, pero su compromiso social había comenzado mucho antes, durante su adolescencia en Cipolletti. Beba recordó que Mara y Nina empezaron a militar cuando tenían apenas 13 o 14 años, a través de tareas de alfabetización de personas adultas en un barrio humilde de la ciudad. Aquella experiencia fue su primer acercamiento a una realidad social marcada por la pobreza y a la posibilidad de transformarla mediante la educación.
“Tenían un contacto solidario y afectuoso desde muy chiquitas”, contó. En ese trabajo encontraron una forma concreta de comprometerse con los demás, vinculada con la dignidad, el conocimiento y las posibilidades que abre la educación, en sintonía con las ideas del pedagogo brasileño Paulo Freire. Más tarde, Mara se trasladó a Córdoba para estudiar medicina, donde continuó con su militancia política. Beba no quiso construir una imagen idealizada de su hermana, sino recuperar algunos rasgos sencillos que permiten imaginar a aquella joven a la que la dictadura le arrebató la vida y el futuro. “Era menudita, aparentemente parecía muy tímida, pero tenía unos enormes ojos que parecían comerse el mundo”, recordó.
También evocó su gusto por la música y por una canción de José Luis Perales que Mara tenía entre sus favoritas. Una memoria íntima, cotidiana, que devuelve humanidad a una historia atravesada por el horror. Porque Mara no fue solamente una víctima del terrorismo de Estado: fue una joven con afectos, sueños, proyectos y una profunda voluntad de construir una sociedad más justa.
La historia de Beba también está atravesada por la persecución política. Ella misma militaba durante la dictadura y estaba detenida cuando recibió la noticia del secuestro de su hermana. Recordó el impacto de aquel momento, cuando otras personas que llegaban desde Córdoba le informaron que Mara había sido llevada a La Perla y que desde entonces no se tenían noticias de ella. Aquel dolor se prolongó durante décadas, como ocurrió con miles de familias argentinas que debieron aprender a vivir con una ausencia sin cuerpo, sin despedida y sin certezas.
Memoria, verdad y justicia frente al negacionismo
La identificación de Mara también vuelve a poner en primer plano el sentido de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, especialmente frente a los discursos que reivindican a los responsables del terrorismo de Estado o intentan relativizar sus crímenes. Durante la entrevista, Beba rechazó las justificaciones que históricamente buscaron responsabilizar a las víctimas por su propia desaparición. Frente a la expresión “algo habrán hecho”, respondió reivindicando el compromiso de quienes lucharon por un país diferente. “Y la verdad que sí, que hicieron, hicimos mucho para un país que fuera más justo, más solidario”, sostuvo.
Su reflexión no desconoce el contexto de persecución política en el que se desarrolló aquella militancia, sino que pone el foco en los ideales que la impulsaron. Mara y tantos otros jóvenes creyeron que la realidad podía cambiarse a través de la participación, la organización, la solidaridad y el compromiso con quienes menos tenían. Beba también cuestionó la lógica del terrorismo de Estado y recordó que, aun frente a la certeza de que su hermana había sido asesinada, la ausencia de sus restos prolongó durante medio siglo una forma de sufrimiento difícil de explicar.
La identificación permite, además, transmitir esa historia a las nuevas generaciones. En Córdoba, la conferencia reunió a familiares de personas desaparecidas cuyos restos fueron identificados, junto con periodistas nacionales e internacionales. Entre los presentes también había hijos, sobrinos y niños que crecieron escuchando las historias familiares y acompañando las movilizaciones del 24 de marzo. La memoria se construye también así: en las familias que transmiten sus historias, en las nuevas generaciones que las hacen propias y en una sociedad que se niega a aceptar el olvido como respuesta.
Beba reconoce que buena parte de los responsables del secuestro, las torturas y los asesinatos cometidos en La Perla fueron juzgados y condenados. Pero la recuperación de los restos aporta una dimensión distinta: la posibilidad de contar con una prueba material, reconstruir una historia y comenzar a cerrar una etapa de incertidumbre. La justicia penal es indispensable, pero no reemplaza el derecho de las familias a conocer el destino de sus seres queridos ni la necesidad de recuperar sus restos para darles sepultura.
Por eso, la emoción de Beba está atravesada por el agradecimiento y por una expectativa concreta: recibir los restos de Mara y que pueda descansar junto a sus padres. La familia evaluará también la posibilidad de realizar una ceremonia en Cipolletti.
Al finalizar la entrevista, la hermana de Mara dejó una reflexión que sintetiza la importancia de seguir buscando a quienes todavía permanecen desaparecidos. La labor científica, el aporte de las familias y la perseverancia de quienes sostienen el reclamo pueden hacer posible que nuevas identidades sean recuperadas. Cincuenta años después, Mara vuelve a tener un lugar preciso en la historia de su familia. No porque su ausencia pueda repararse ni porque el dolor desaparezca, sino porque una parte de la verdad que les fue negada durante décadas finalmente salió a la luz.
Aquel pequeño resto que Beba imaginó como una voz que grita “aquí estoy” es también una respuesta frente al silencio impuesto por la dictadura. Una respuesta que lleva el nombre de Mara Salto, que reconoce su vida y su militancia, y que reafirma que la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia no prescribe con el paso del tiempo. Porque mientras haya familias que esperan, identidades por recuperar y restos por encontrar, la búsqueda seguirá siendo una responsabilidad colectiva. Y porque detrás de cada desaparecido hubo una vida, una historia y un futuro que el terrorismo de Estado intentó borrar, pero que la memoria, la ciencia y la persistencia de sus seres queridos continúan recuperando.
27 octubre 2026
Río Negro