Por Jorge Vallazza (*)
Recordando el Mundial que ganamos en el 86, debo decir que, durante varios años y ahora también, se me hace un nudo en el pecho y se me escapa alguna lágrima cada vez que veo el gol de Maradona eludiendo, desde mitad de cancha, a un enjambre de ingleses. Ya estábamos en pleno retorno a la democracia, pero la herida de Malvinas y los crÃmenes de guerra de Margaret Thatcher se sentÃan muy presentes.
Pero del Mundial 78 recuerdo que estaba haciendo la colimba y que estábamos en plena dictadura. SabÃamos que estaba desapareciendo gente y que los militares asesinaban en falsos "enfrentamientos".
No tuve ningún familiar directo que sufriera esa represión, pero sà nos enterábamos de conocidos, o de conocidos de conocidos. TenÃamos miedo de que, en cualquier momento, nos pudiera tocar a nosotros por nuestros trabajos sociales en villas, por participar en grupos misioneros durante el verano, por tener un libro prohibido o simplemente por ser amigos de tal o cual.
Igualmente, miramos y festejamos todos los partidos, y fuimos masivamente al centro de Buenos Aires cuando salimos campeones. Años después supimos que, muy cerca de la cancha de River —donde Argentina salió por primera vez campeón del mundo—, se torturaba, se violaba, se asesinaba y se robaban bebés. El clima de terror y de miedo, la consigna "El silencio es salud" y el "algo habrán hecho" no evitaron que millones saliéramos a la calle a cantar y festejar el campeonato.
La propia dictadura utilizó ese triunfo para intentar tapar sus crÃmenes atroces. Al año siguiente, al consagrarnos de la mano de Diego en el Mundial Juvenil de 1979 —Maradona no fue convocado en el 78—, también se salió a festejar al centro de Buenos Aires. Un famoso relator radial, José MarÃa Muñoz, instó a los hinchas a ir a Plaza de Mayo para increpar a las Madres y a la Comisión Interamericana que habÃa venido a investigar las violaciones a los derechos humanos, y gritarles que los argentinos éramos "Derechos y Humanos".
Ahora todos queremos que Argentina vuelva a salir campeona y poder festejar, cantar, bailar y abrazarnos con desconocidos como si fuéramos una gran familia, aun sabiendo que atravesamos una época muy compleja, con mucha gente que la está pasando mal.
Pero tal vez se necesite más que nunca recuperar la alegrÃa, juntarse con otros más allá de las diferencias, ganar la calle, sentirse parte de un pueblo y desplegar nuestra bandera como sÃmbolo de identidad y pertenencia. Quienes nos gobiernan y su grupo de apoyo parecen pensar, sentir y actuar en contra de los intereses de la Argentina. Como bien dicen por ahÃ, "se creen dueños de un paÃs al que odian".
No creo que estén muy felices de ver tantas banderas, tanta gente en la calle y tantos cantos que recuerdan a Diego y a los chicos de Malvinas. Si están intentando utilizar el Mundial para "tapar" todo lo que está pasando en el paÃs, les puede salir el tiro por la culata.
El Mundial puede ser una pausa, terminemos o no campeones, pero al otro dÃa la vida sigue y la historia continúa escribiéndose.
Ni por haber sido campeones en 1978 y 1979, ni con la aventura de recuperar las Malvinas, que mandó a la muerte a cientos de jóvenes, la dictadura pudo detener su propia debacle ni impedir la recuperación de la democracia y el Nunca Más.
Hoy, con la complicidad de la cúpula judicial y de gran parte de un Congreso que considero sobornado, venden el paÃs y sus recursos; se muere y/o se suicida gente —enfermos, adultos mayores y personas con discapacidad— porque les quitan el acceso a medicamentos y tratamientos. Eliminan derechos laborales, precarizan el empleo, destruyen la industria nacional, la educación y la salud pública, desmantelan universidades y ámbitos cientÃficos, entre muchas otras cosas.
En medio de tanta desolación, y tal vez como una forma de canalizar su angustia, la gente puede estar festejando, cantando y bailando por la alegrÃa que genera el fútbol.
Pero en unos dÃas el Mundial terminará, y ni el actual Gobierno, ni sus voceros disfrazados de periodistas, ni sus cómplices en la Justicia y en el Congreso podrán impedir que nuestro pueblo vuelva a enfrentar la realidad cotidiana y a seguir tomando conciencia de la situación de nuestro paÃs.
Porque "todo está guardado en la memoria".
(*) Magister
DNI 12.975.453
15 julio 2026
Opinion