¿Ser oposición o ser gobierno?

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Nuestro gobierno provincial, además de haber encontrado un Estado devastado, fue signado por la tragedia apenas comenzó a andar. Por eso, las sucesivas inestabilidades políticas encuentran explicación en el variado grado de frustración que cada dirigente tiene, en virtud de sus sueños, ideales o ambiciones.


Hoy, enfrentamos escenarios complejos, producto de múltiples factores entre los cuales, seguramente, habrá también propios errores. La discusión salarial es necesaria porque a partir de ella se dirime la distribución de los recursos del Estado. Sin embargo, en un contexto de paritarias nacionales conflictivas sumadas a la escases de recursos provinciales, las dificultades en los acuerdos se expresan en las calles.
 

Nadie dijo que gobernar fuera sencillo, nunca dirimir en los conflictos de intereses y en la puja distributiva fue un proceso relajado.
 

Pero podemos preguntarnos, qué aportan a la solución de esos conflictos los que siendo parte del gobierno (con un equipo nutrido de funcionarios que les responden) deciden subirse a la tribuna de la oposición. La comodidad de la vereda de enfrente no ha mostrado nunca el temple de los gobernantes.

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