Por Edmundo "Mundy" Fuster (*)
Hay hechos que, considerados por separado, pueden parecer menores.
Sin embargo, cuando empiezan a repetirse y a convivir en el mismo tiempo, dejan de ser episodios aislados para transformarse en señales.
Jubilados al borde de sus posibilidades, Congreso paralizado y bloques oficialistas intervenidos, sindicalismo desperezándose, agenda política que no despierta ningún interés, Iglesia hablando de Cuevas de la Corrupción, pragmatismo novedoso y otros temas de la actualidad conforman un cuadro que merece ser observado en su conjunto.
Hermano jubilete:
No habría que sorprenderse
demasiado si, al conocerse el nuevo Índice de Precios al Consumidor, te queda
la sensación que, como jubilado, ese valor no te representa.
Peor aún: cuando cobres la
jubilación, esa actualización ya habrá sido devorada por la inflación y tu
indignación volverá a crecer.
Todo esto sin contar algunos
casos de movilidad social súper extra plus ascendente, que, obviamente,
no hacen más que aumentar ese sentimiento.
Ni hablar cuando quienes hoy
prometen que volverán los días felices, que los niños y los viejos serán
nuevamente los privilegiados, son los mismos que, cuando tuvieron la
oportunidad, hicieron exactamente lo contrario de lo que ahora dicen que harán.
Entonces pongamos las cosas
en claro: el verdadero sostén de los viejos son los hijos, aunque en más de un
caso la taba se ha invertido y son los viejos quienes ayudan a esos hijos a los
que les sacaron la escalera y dejaron colgados de la brocha.
Un matrimonio de jubilados,
casi privilegiado dentro del universo previsional, no alcanza a cobrar un
millón y medio de pesos por mes. Si debe alquilar, alrededor del 40 % de ese
ingreso termina en manos del propietario, sin contar las expensas. Si es
propietario, entre expensas y servicios —luz, gas, agua, cable, celulares y
ABL— prácticamente una jubilación desaparece todos los meses.
Como PAMI ha reducido el listado de medicamentos bonificados, ese es otro gasto que se suma. Con esos compromisos fijos y algún imprevisto, que nunca falta, si les quedan quinientos mil pesos para vivir ya pueden considerarse afortunados. Lo paradójico es que los rubros que más aumentan —medicamentos, transporte, alimentos y artículos de limpieza— poco tienen que ver con el índice que publica el INDEC.
Conclusión
Por eso, lejos de mejorar,
la situación tenderá a agravarse. No es pesimismo; es la realidad. El paso del
tiempo convierte muchas enfermedades en crónicas, aparecen otras nuevas y hasta
puede ocurrir que alguno de esos hijos que antes ayudaba, ahora sin trabajo e
imposibilitado de seguir pagando un alquiler, necesite que le hagan un lugar en
la casa de sus padres.
El sistema es insostenible. Ni este gobierno ni el próximo, cualquiera sea su signo político, podrán resolverlo sin cambios profundos. La edad de acceso al beneficio difícilmente permanezca inalterable, las prestaciones del PAMI no deberían sorprender si vuelven a revisarse y seguramente aparecerán otras medidas que iremos conociendo con el tiempo.
El discurso del presidente
Milei en Tucumán, durante la vigilia del Día de la Independencia, se pareció
más a una rendición de cuentas de la gestión o a un acto de campaña que a una
convocatoria acorde con la fecha patria.
Que se mencionen las leyes
aprobadas no tiene nada de objetable. Lo discutible fue el ámbito y el momento.
El 9 de Julio pertenece a todos los argentinos. Es un día para recordar y
homenajear a quienes hicieron posible la Independencia, no para hacer
proselitismo.
Una vez más quedó expuesta la distancia que existe entre las más altas autoridades del país. Esa situación no contribuye al normal funcionamiento institucional y agranda la brecha entre la política y la gente.
El control exagerado rara vez es un buen consejero. Generalmente es una muestra de inseguridad, de la necesidad de ver fantasmas donde quizá no los haya.
Cuando alguien es elegido
para ocupar un cargo de jerarquía y, a su vez, selecciona a sus colaboradores,
es porque previamente confió en ellos. Si esa confianza necesita ser
verificada, no está mal hacerlos pasar por el escáner correspondiente, pero con
discreción y dejándolos trabajar. Lo contrario deja de ser control para
transformarse, directa o indirectamente, en intervención o, dicho en términos
políticamente incorrectos, persecución.
Cuando se interviene, en
forma directa o indirecta, se termina hablando más de quien controla que de
quienes son controlados. En la actividad privada, frente a situaciones
semejantes, muchos optan por buscar nuevos horizontes.
Con otro nombre, algo parecido parece estar ocurriendo con diputados y senadores. Hasta sus grupos de WhatsApp han quedado bajo observación, con lo cual la división de poderes comienza a parecer un concepto discutible, casi un eufemismo.
La CGT, que durante la
presidencia anterior pareció entrar en hibernación, da la impresión de haberse
despertado apenas, todavía con mucho sueño. Obviamente, adormecida resulta
bastante más útil que plenamente activa, pero no deja de ser otra señal difícil
de explicar.
Todavía no encuentra el
hueco por donde colar la pelota. El descrédito que arrastra, sus divisiones
internas y, probablemente, algunas cuestiones que nunca llegan a la luz pública
terminan completando un panorama que ayuda a entender su inacción.
Pensar que de pronto comprendió que este camino, con todos sus defectos, puede ser mejor que seguir girando en círculos sería, por ahora, un exceso de optimismo.
Que un ex jefe de Gabinete cuente con custodia puede resultar razonable. Lo que ya no parece tan lógico es que ese costo recaiga sobre el erario público cuando su alejamiento del cargo obedeció a una renuncia y no a una situación excepcional, como podrían ser amenazas concretas contra su integridad.
Ante un caso como este, la
pregunta surge naturalmente: ¿todos los ex ministros que renuncian reciben el
mismo tratamiento o estamos frente a un privilegio excepcional?
Más allá del caso puntual, lo preocupante es el precedente. No se trata solamente del gasto, sino del criterio con que se administran recursos que pertenecen a toda la sociedad.
Tomados aisladamente,
ninguno de estos hechos reviste una gravedad extraordinaria. El problema
aparece cuando se los observa en conjunto. Entonces dejan de ser episodios
sueltos para transformarse en nuevas cuentas de un mismo collar.
La Iglesia continúa
advirtiendo que algunas cosas no funcionan adecuadamente, ocupando un espacio
que, con mayor madurez política, probablemente debería corresponder a una
oposición demasiado ocupada en sus propias internas y en la disputa por el
poder.
Causa cierto estupor
comprobar que buena parte de los temas que dominan la agenda pública poco
tienen que ver con las preocupaciones cotidianas de la sociedad. Parecen
responder más a los intereses de quienes protagonizan la política —amigos y
adversarios— que a los problemas reales de la gente.
Para más de siete millones
de jubilados, para millones de monotributistas, para las personas con
discapacidad, sus familias y quienes trabajan junto a ellas, la reforma
política difícilmente ocupe un lugar prioritario en sus preocupaciones.
También sería injusto
desconocer el país que recibió el actual gobierno. Veníamos al borde de una
hiperinflación, aislados del mundo y con problemas acumulados durante décadas.
Nadie razonable podía esperar que semejante herencia se resolviera en dos años
y medio, ni que el camino fuera sencillo o indoloro.
Pero reconocer ese punto de partida no obliga a ignorar los reclamos que siguen apareciendo. Y cuando esas señales comienzan a multiplicarse, conviene prestarles atención antes que descalificarlas.
El gobierno nacional parece
haber comprendido que no se puede avanzar en soledad. Que, le guste o no, la
denominada "casta política" existe y que, para llevar adelante las
transformaciones que pretende, será necesario construir acuerdos. De otro modo,
en el primer iceberg que aparezca en el camino, el impacto puede resultar
inevitable.
Más por la acumulación de
temas pendientes que por la cantidad de pruebas disponibles, da la impresión de
que finalmente tomó nota del daño que la permanencia del ex jefe de Gabinete le
ocasionó a la gestión. Un desgaste que, probablemente, podría haberse evitado
con una licencia hasta que la Justicia aclarara definitivamente la situación.
Visto desde afuera, como
seguramente lo observa la inmensa mayoría de los argentinos, no estaría de más
explicar con mayor claridad que este proceso de reconversión será largo,
complejo y exigirá paciencia. También asumir que el campo, la minería y Vaca
Muerta, aun siendo pilares fundamentales del crecimiento, no alcanzarán por sí
solos —al menos durante bastante tiempo— para generar el volumen de empleo que
necesitan las nuevas generaciones.
Del mismo modo, convendría
reconocer que existen sectores que ya no tienen margen para seguir esperando.
Los jubilados, buena parte de los empleados públicos y otros grupos vulnerables
han soportado un esfuerzo que, para muchos, comienza a ser difícil de sostener.
Un poco más de realismo y un
poco menos de triunfalismo quizá ayudarían a fortalecer la credibilidad.
Después de todo, alguna vez los argentinos merecemos que nos hablen con
verdades palpables, sin necesidad de repetirnos que somos los mejores del
mundo, que todos nos admiran o que todos quieren imitarnos.
Porque, en definitiva, Messi hay uno solo, juega al fútbol y, encima, ya va camino de los cuarenta.
(*) Consultor y
Columnista de Opinión - DNI 12.088.056
CABA - Argentina
9 julio 2026
Opinion