Por Alejandro Palmieri *
En una crisis como la actual, las medidas se deben sopesar con mucho cuidado, porque un beneficio a un sector, puede estar postergando o generando inequidades sobre otro sector de la economÃa que atraviesa dificultades similares o aún mayores.
Eso es lo que ocurre ahora con el dólar agro o dólar soja. Si bien es un incentivo o aliciente a los exportadores de soja, no se avanzó en una medida de carácter federal que abarcara a las distintas economÃas regionales que, entre otras particularidades, son mano de obra intensivas respecto a la producción de soja.
Por eso creemos que también deberÃa establecerse un mecanismo similar que beneficie a las exportaciones frutÃcolas. Hay una brecha cambiaria cada vez más importante entre el dólar oficial y el dólar paralelo (que es el que marca el paso de la mayorÃa de los costos de los insumos), y en cierta medida también de las paritarias. Esto, en una actividad como la fruticultura, se siente en cada eslabón de la cadena de producción, desde el árbol en la chacra hasta el buque en el que se exporta.
Las economÃas regionales necesitan y merecen ser alcanzadas por los mismos beneficios o incentivos que se plantean por estos dÃas para la soja. Porque vienen perdiendo sistemáticamente competitividad respecto a otros paÃses productores, y porque son complejos productivos que generan alto valor agregado y emplean decenas de miles de trabajadores en toda su cadena productiva.
Comparto la decisión de generar un marco diferencial en el tipo de cambio a los exportadores de granos, pero es necesario que se implemente un mecanismo similar para que los productores de fruta también accedan a una liquidación diferencial que alivie su situación actual, afectada por el atraso cambiario.
* Vicegobernador de la Provincia de RÃo Negro
11 julio 2026
RÃo Negro